Lo del viernes fue inhumano, histórico e irrepetible (por problemas técnicos no he podido subirlo hasta hoy). 1999 llegaba a su fin y el club de fans de John Boy nos reunimos en la sala Razzmatazz de Barcelona para, por última vez, dejarnos el alma y entregársela a Santi Balmes y sus secuaces.
Tras una espera de hora y cuarto en la sala, sin telonero (fallo garrafal, pues la espera se hizo eterna), la luz se desmayó y el nuevo videoclip del tema 1999fue proyectado. Ya desde ese momento, todos nos hicimos uno y coreamos hasta el final cada uno de los versos de tan tremenda canción. Tras otras proyecciones que nos iban introduciendo en la temática del concierto, Love of Lesbian apareció y comenzaron a sonar los efectos de Allí donde solíamos gritar. Fueron dos movimientos con el brazo, dos rasgadas en las guitarras de Jordi Roig y Julián Saldarriaga, que nos hicieron pensar que esa noche, Razz se iba abajo.
Con la sala ya totalmente encendida y con un ambiente brutal, fueron sucediéndose Un día en el parque, Las malas lenguas, Noches reversibles… hasta que llegó Segundo Asalto y con ella Amaral (tanto él como ella) para darle un vuelta de rosca a ese temazo que eriza hasta tu último pelo. Se iban alternando momentos de más calma como con Domingo Astromántico y de desfase con Los colores de una sombra. No faltaron Incendios de nieve, Música de Ascensores o El ectoplasta, con los que temblaron todas y cada una de las vigas, prácticamente ancestrales, de la sala Razzmatazz. Tendréis que perdonar mi orden, no es el estricto que sigue una crítica de un concierto (no sé si es el correcto) pero los medios no lo permiten ya que no puedo acceder a los pases de prensa y es mi memoria la que colabora (cosa que considero un placer, poder exprimir cada uno de los recuerdos de anoche hasta la última gota).
Entonces llegó La parábola del tonto, que, en mi opinión, es uno de los mejores temas del grupo. Una letra dura, ácida y amarga a la vez, una instrumentación potente y evolutiva acabando prácticamente con la energía tanto del grupo como de todos los asistentes al concierto, quiénes convulsionan hacia adelante y hacia detrás de manera automática. Tras el último acorde se retiraron, pero todo el mundo sabía que aún quedaba mucho por venir. Tras una introducción al fin de año de 1999 (en torno al cual giran tanto el disco como el concierto de ayer) todos gritamos las campanadas y comenzaron los bises y sus respectivos disfraces (increíble el modelito de fitness de Joanra) con Los niños del Mañana (vaya hijos de puta!), Algunas plantas sin la ansiada “Algunas Plantas Experienc”e que el grupo realiza en cada concierto bailando con todo el mundo, Te hiero mucho y su conocido amante guisante, Miau con una especie de energúmeno que iba que ni pintado al tema, Me amo, con la previa explicación de Santi cada día más ocurrente y Club de fans de John Boy, donde el espiral del concierto llegó a su centro y todo el público dejó por allí tirado lo que le quedaba de unas piernas que no pararon de sufrir en toda la noche.
Volvieron a irse, pero aparecieron de nuevo para ponerle la guinda a uno de los conciertos más increíbles que he presenciado. Fue increíble su manera de introducir el final finalísimo del concierto “y esa noche la acabamos en un taxi al que nos subimos juntos y bajamos por separado”, y ahí llegó 1999, donde la piel se puso de gallina y los sentimientos afloraron, donde las lágrimas parecían acercarse y la emoción del momento las contenía, donde las letras pegaban una pequeña patada a cada uno en su triste corazón y la potencia del directo las rechazaba con unos arranques de energía brutales. 2009. Voy a romper las ventanas acabó con todo, incluidos los miembros del grupo. Santi se despidió y agradeció a todos por toda la enorme gira que les ha tenido dos años girando por el país. Mi primera combustión cantada “a capella” entre Santi y todo Razzmatazz (juro ver a los pipas cantándola) hizo que saltasen lágrimas de los ojos de Love of Lesbian. Unas lágrimas sinceras, de alguien que vive la música como un componente básico en su vida, de alguien que crea la perfecta comunión entre su grupo y el público.
Las lágrimas de una unión que no acaba en 1999, que espera, ya ansiosa, el lanzamiento de su próximo disco.
1999, el único año que nunca, nunca, nunca, terminará.
Garfunkel

Me gusta:
Sé el primero en decir que te gusta esta post.